Seguidores

Diario de Arancha. Capítulo 4: El fin de una amistad

Author: *_KLARY_* /

NOTA DE LA AUTORÍA: Perdón por no haber publicado algo desde hace tiempo, he estado muy liada y ocupada con los exámenes, pero al fin me encuentro de vacaciones. Espero aprovechar este verano, pese a tener que seguir estudiando para septiembre, para hacer lo que más me gusta: ESCRIBIR. Arancha aun tiene muchas cosas que contarnos y que relatar en su diario, su vida dará un giro inesperado, poco a poco podremos ir viendo como crece y madura, y cómo comienza a ver las cosas de otra manera a como las ve ahora. Espero que disfruten todos los que por aquí se pasan con este capítulo, y con los posteriores. Un saludo. KLARY

___________

4 de septiembre de 1996

He abierto los ojos. Me hallo aquí, tumbada en mi cama, sin ganas de incorporarme, sin ganas de nada. ¿Ha sido un mal sueño, una extraña pesadilla?... Me temo que no.

Ayer me presenté en su casa. Me abrió él, y al verme se sorprendió.
- Arancha – dijo -, ¿qué haces tú aquí?
- Venía de visita, ¿podemos hablar?
- Bueno, es que ahora no sé si es buen momento.
- ¿Por qué? – pregunté extrañada
- Bueno, hay invitados y...
- ¡Vamos Sergio! – le corté – Tu familia ya me conoce de sobra.

Y sin decir más me auto invité yo sola, entrando en su casa. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme a su nuevo amiguito, si, Adrián...
- Ah. Hola.
- Hola – me saludó

Estaban jugando al ajedrez, cosa que jamás había hecho conmigo... y ni siquiera me había llamado.
- Creo que ya os conocéis, pero por si acaso: Arancha, Adrián. Adrián, Arancha.
- Encantada – dije secamente-. Sergio, ¿podemos hablar? A solas, si no te importa.
- Claro, ahora vengo.
De este modo nos dirigimos hacia el porche y él cerró la puerta del salón para que el invitado no nos oyera.
- Así que ahora te gusta pasar más tiempo con él que con tu mejor amiga.
- Arancha...
- No, no, si me lo has dejado muy claro. Ya pasas de mí, no me llamas, llevamos sin hablar muchas horas y parece que ni siquiera te importa. Ahora te importa más estar con tu nuevo amiguito, que por cierto, no sabe nada de ti ni te conoce tan bien como yo.
- ¿Sabes? Me parece que estás un poco paranoica. No todo se tiene que limitar a ti y a mí, ¿qué mal hay en echarnos un amigo nuevo? También puede ser tuyo, Adri es muy buena persona.
- Quizás no me hubiese importado conocerlo, quizás estaría dispuesta a hacerlo si tú me hubieras invitado, pero ni siquiera eso. Y no son paranoias.
- Bueno, me llamó para dar una vuelta esta tarde y después vinimos aquí.
- Lo estás arreglando.
- Oye, ¿qué pasa? ¿qué tenemos que estar todo el día pegados como lapas? Tú también puedes quedar con tus amigas, jugar con ellas a las Barbies o a las cocinitas, o reunirte con ellas para hablar de los chicos guapos del colegio. Yo no te lo voy a impedir, ni me voy a molestar por eso, al contrario que tú.
- ¿Qué diablos me estás diciendo? ¿Me estás llamando niñata acaso o algo parecido?
- Bueno, personalmente pienso que tienes una actitud muy infantil, y me lo estás demostrando ahora enfadándote por esta chorrada.
- ¿Sabes? No sé qué narices te ha pasado, pero hasta hace nada yo siempre contaba contigo para todo y tú conmigo. De verdad, que estoy alucinando, ¿dónde está mi mejor amigo?
- Quizás nunca ha existido. Quizás me has tenido idealizado, ¿sabes una cosa? Es hora de que te enteres de algo: muchas veces me he aburrido estando contigo, me aburría hacer las mismas cosas siempre, siempre hemos hecho lo que tú has querido y jamás me has preguntado si me parecía bien esto o lo otro. Y ya me cansé de esto. Adri ha aparecido en el momento en que necesitaba que alguien me escuchara, llevaba tiempo esperando a que un día fueses tú la que lo hiciera, pero ese día nunca llegaba Arancha. Quizás es hora de acabar con esto, creo que es mejor que tú andes por tu lado y yo vaya por el mío, porque está claro que no somos muy compatibles.
Todas esas palabras me fueron aplastando el alma, una por una. Tenía ganas de pegarle, de llorar, pero no tenía fuerzas en ese momento.
- Quizás tengas razón. Esta amistad se ha acabado – dije derrotada -. Espero que te vaya muy bien en la vida, y que seas muy feliz. Y por favor no me llames nunca más.

Y, agotada, salí de aquella casa para siempre. Mientras corría hacia la mía con los ojos cerrados, aguantando mis lágrimas para que no me viera. Y, muy ingenua de mí, deseaba mirar atrás y ver que me seguía y me detuviera y me dijera que me quería y que se arrepentía de haber dicho lo anterior. Una ilusión que, por desgracia, no ocurrió.

Y aquí estoy, escribiendo estas funestas palabras tumbada en la cama, mientras al mismo tiempo lleno las delicadas páginas de lágrimas... Tengo mi móvil al lado. Estoy esperando su llamada. Pero creo que no va a volver a llamar...

Mañana comenzará otro día, seguramente con sol y caluroso, pues aun dura el verano. Pero a mí eso ya no me sirve ni de consuelo ni de motivo para sonreír por muy azul que esté pintado el cielo... Lo siento, en estos momentos me salen cursilerías, pero no lo puedo evitar. Otra vez se me están inundando los ojos.

Me voy a dormir, o por lo menos, a intentarlo. Espero despertar y que este día haya sido tan solo una horrible pesadilla... Y que él esté a
mi lado.